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Un aporte del campo que alimenta para bajar la inflación

por Revista Cítrica
Fotos: Vicky Cuomo
16 de mayo de 2023

Lejos del falso remedio de “importar alimentos” para desacelerar los precios, la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) enfatiza en las recetas que el Estado siempre desestima: desarrollo de mercados populares de cercanía; fortalecimiento de la producción local y agroecológica para desengancharse de los costos dolarizados; y el diseño de un programa agrario basado en el alimento. En definitiva: construir la ruta de la soberanía alimentaria y popular.

En los últimos días trascendió la noticia de que “Argentina importará alimentos para bajar los precios”. La información abundó en que tras el número de inflación de abril (8,4%), el secretario de Política Económica del Gobierno Nacional, Gabriel Rubinstein, "señaló aumentos en bienes estacionales y mencionó particularmente a las verduras, que subieron un 20,5% en el mes después de haber traccionado también los precios en marzo".

En este espinoso escenario, el funcionario no tuvo mejor idea que hacer que el Mercado Central reduzca el precio efectivo de venta al público de productos frescos (frutas, verduras, hortalizas, carnes) y productos secos no perecederos (alimentos de primera necesidad) y habilitarlo a importar alimentos con arancel cero.

“Ante la detección de distorsiones en los precios de los alimentos por parte de la Secretaría de Comercio, por el abuso de empresas con posición dominante de mercado, el Mercado Central podrá importar en forma directa dichos productos con arancel cero, creando mayor oferta de productos sin costos de intermediación”, dijeron desde Economía.

Desde la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) cuestionaron esta decisión y la tildaron de absurda: “El mercado concentrado especulador ya le compra a precio vil a los pequeños productores. Con esta decisión, los pequeños productores quedamos en una situación sumamente compleja”, explicaron.

“El mercado concentrado especulador ya le compra a precio vil a pequeños productores. Con esta decisión, quedamos en una situación compleja”

En el Gobierno aseguran que esta decisión sirve “para romper con el abuso de precios que realizan esas empresas a la hora de abastecer estos puntos de venta de cercanía”. Sin embargo, el resultado real de esta ecuación es uno bien diferente. 

En Argentina, la UTT mantiene en alza las banderas históricas de la lucha del campesinado frente al asedio del campo concentrado y el modelo de producción hegemónico. Con presencia en 20 provincias, y con más de 25 mil familias productoras de alimentos, la UTT tiende puentes y construye líneas de trabajo para transformar este modelo que enferma, genera desigualdad y egoísmo.

La organización aporta –desde hace años– dos recetas para que el Gobierno adopte: fortalecer a cooperativas y federaciones que no conciben la comida como un mero negocio; y estimular la agroecología para que las familias productoras eviten los costos dolarizados, sobre todo en un contexto en que la moneda estadounidense pega saltos de manera periódica que incide inevitablemente en los precios finales. Es que fortaleciendo –a través de políticas públicas– a cooperativas, federaciones y organizaciones de productores, la discusión del precio, logística y comercialización quebraría el monopolio y la concentración. “Este modelo actual es incapaz de garantizar el derecho a la alimentación de la población argentina”, asegura el referente nacional de la UTT, Nahuel Levaggi, quien presidió el Mercado Central hasta marzo de este año.

Fortalecer a cooperativas y federaciones que no conciben la comida como un negocio; y estimular la agroecología para evitar costos dolarizados

Para Levaggi, un remedio –no coyuntural, sino estructural– para reducir la inflación sería que el Estado promoviera la creación de mercados de cercanía y acortara la cadena entre el productor y el consumidor. "Hay que establecer un programa agrario en base al alimento y proyección política pública para no correr siempre detrás de la zanahoria”, dice. 

Un programa agrario sería confeccionar un plan de abastecimiento frutihorticola o un plan de abastecimiento general. Y también invertir en ampliar la producción en los territorios para que haya más oferta y los precios tiendan a bajar.  

Lamentablemente, lejos estamos de eso: la coyuntura carcome a un Gobierno –o a un Estado– que no diseña estrategias a largo plazo. Entonces, el debate público ahora es qué consecuencias traerá la importación del tomate.

Para Levaggi, un remedio para reducir la inflación sería que el Estado promoviera la creación de mercados de cercanía y acortara la cadena entre productor y consumidor

¿Quieren un ejemplo para dimensionar cómo incide la concentración (y también la extranjerización) de la tierra en la producción y en el precio de los alimentos? En el cinturón hortícola santafesino, la especulación inmobiliaria atenta contra la histórica producción de tomates. Atados por contratos precarios y por relaciones desiguales, los productores y las productoras nunca saben cuánto van a durar en la tierra en la que producen.

La UTT reúne a 130 familias en las cinco bases en la ciudad de Santa Fe (Monte Vera, Campo Crespo, Chaco Chico, Paraje La Costa y Recreo), en Helvecia y otra en General Alvear, al sur de Rosario. De esas 130 familias, ninguna es propietaria de la tierra en la que trabaja y produce alimentos. Esa incertidumbre muchas veces se refleja en los volúmenes de producción. Como el mercado privado se maneja bajo la lógica de la especulación según un criterio de cantidades y de consumo en las grandes ciudades, eso termina incidiendo en el precio de cada verdulería, de cada almacén, de cada supermercado.

Este Gobierno, como el anterior, no ha hecho más que abonar ese modelo. Lo de ahora no es una solución. Es un intento desesperado que no traerá alivio, sino que empeorará una realidad que ya se torna insoportable.