Compartir

“Nuestras vidas siguen precarizadas y marginalizadas”

por Revista Cítrica
Fotos: Vicky Cuomo
23 de diciembre de 2020

Sin acceso a derechos básicos como trabajo y salud, la comunidad travesti, trans fue sin dudas una de las más afectadas por la pandemia. Florencia Guimaraes García, Militante travesti, reflexiona sobre la urgencia de implementación de políticas públicas que den respuestas a las demandas de la comunidad.

*Por Florencia Guimaraes García. Militante travesti, coordinadora del Centro Travesti de Día “La Casa de Lohana y Diana” y trabajadora en el Centro de Justicia de la Mujer de la Ciudad de Buenos Aires.

Con la pandemia aprendimos que necesitamos más políticas públicas que abarquen a las travestis y trans. Sabemos, por ejemplo, que van a haber nuevamente planes de viviendas sociales y nuestro planteo –algo que ya venía haciendo Lohana Berkins hace muchos años– es que las travestis y trans también tengan acceso a la vivienda. Esto es fundamental, porque si una tiene un techo, lo demás es mucho más sencillo. 

Por otra parte, la pandemia desnudó toda la violencia estructural que venimos denunciando desde hace años. Si el 90% de nosotras subsiste de la prostitución y hoy no puede salir a una esquina a pararse, eso repercute en no poder pagar el alquiler, no comer, no poder seguir mandándole guita a esa familia en la provincia que las echó pero donde hay madres y hermanitos que necesitan ayuda (y, generalmente, un padre violento).

Ninguna persona de las que hoy es asistida por el Estado puede comer con una bolsa de mercadería que tiene ocho productos para un mes. Eso es una humillación, es violento, ninguno de estos funcionarios come con un paquete de arroz, yerba, harina y una leche en polvo durante un mes. 

Si hoy estamos en una emergencia socio-sanitaria, necesitamos que se aborde como corresponde, que esos módulos alimenticios incorporen leche, carne, verdura, artículos de higiene y de limpieza. El Estado tiene que poner el foco en nuestra comunidad, lo está intentando pero no alcanza, porque las compañeras están en un grito de auxilio constante.

Pareciera que está todo maravilloso, que hay Ley de Identidad de Género, que hay cupo laboral travesti-trans, pero en lo concreto, para nosotras las travestis y trans poco han cambiado nuestras realidades cotidianas. Hay mucha hipocresía también, no podemos hablar de los mismos derechos para todas las personas, porque nosotras dentro de la comunidad LGTBI seguimos estando en el fondo, nuestras vidas siguen precarizadas y marginalizadas. Las últimas en la lista de toda la sociedad seguimos siendo las travestis.

Llegamos a diciembre con 106 compañeras muertas. La violencia que hay en los hospitales hacia las travestis y trans es constante, nos humillan, nos maltratan, hemos llevado compañeras que ya estaban en un estado irreversible y nos decían ‘ustedes siempre vienen a último momento’. Sí, las compañeras van cuando ya no dan más porque prefieren no ir a un lugar donde van a ser todo el tiempo humilladas, ¿quién tiene ganas de pasar por eso? 

El decreto del Gobierno que garantiza el cupo laboral travesti-trans en el Estado fue algo histórico para nosotras, viene a reconocer que hemos sido siempre despojadas del sistema y que las personas travestis y trans queremos trabajar y necesitamos salir de ese lugar en donde nos metieron, que es la prostitución. Eso no fue una elección para nosotras, sino una imposición. El 90% de nosotras subsiste de la prostitución y ese subsistir es muy corto y se lleva la vida de nuestras compañeras a los 35 años de edad. Ésa es la expectativa de vida que tenemos. 

Sin embargo, el decreto todavía no se implementó. Son cuestiones que celebramos pero después no se aplican o no se ejecutan o llevan tiempos que para nuestra comunidad son eternos. La expectativa de vida muy baja se sigue sosteniendo, hay crímenes de odio, muertes evitables. Nuestra comunidad no tiene los tiempos que tiene el resto de la sociedad. Los tiempos políticos y las burocracias no entran dentro de las realidades y las existencias travestis y trans, y eso también tienen que tener en cuenta en las políticas públicas que venimos demandando como comunidad. 

Para nosotras el tiempo es muy corto porque nuestras vidas son muy acotadas. Eso es responsabilidad de la sociedad y del sistema cisheteronormativo en el que vivimos. Nos siguen exterminando, por eso hablamos de necropolíticas; son las políticas de la muerte de una comunidad que parece que realmente no le importa a nadie. Nuestras vidas, y mucho menos nuestras muertes, no interpelan a nadie. Necesitamos un cambio radical. 

Va a terminar el año y queremos dictamen para la Ley de Cupo e Inclusión Laboral travesti-trans a nivel nacional, pero todavía no se trató. Estamos exigiendo que no se termine el año legislativo sin ese proyecto de ley. Parece que siempre las cuestiones de nuestra agenda quedan en el fondo. Debería ser prioritario salvar a las travestis y trans, pero mientras no suceda seguiremos luchando y resistiendo.