La palabra mapuche que desoye el Estado

por Gioia Claro
Fotos: Euge Neme
24 de mayo de 2023

Participamos del parlamento realizado en Bariloche para denunciar la detención arbitraria de cuatro mujeres indígenas desde octubre pasado, cuando fueron violentamente desalojadas de su territorio. Una acusación floja de papeles, el diálogo trunco con el poder y una comunidad obligada a la clandestinidad.

Por las calles céntricas de Bariloche en esta época se escucha hablar portugués. Las primeras nevadas sobre los cerros inauguran una nueva temporada de invierno en la ciudad de los contrastes. Un paisaje imponente de naturaleza viva y majestuosa rodea la ciudad de piedra y cemento, donde casi no quedan árboles.

En el Alto, el pueblo empobrecido se refugia de las temperaturas bajo cero entre paredes de chapa, mientras abajo junto al lago, los hoteles 5 estrellas albergan a cientos de miles de turistas nacionales e internacionales que año a año visitan este lugar como a un parque de diversiones para ricos. Los caserones al “estilo suizo” con el balcón al lago, vacíos la mayor parte del año, esperan ahora al pequeño empresario, político o amigo del poder que heredó o compró lo heredado de aquella repartija de tierras que consolidó el despojo territorial después de las campañas militares.

Nadie parece notar el contraste. Solo si decidís seguir viaje hacia El Bolsón, te cruzás con el Bariloche que se esconde tras la cascada de chocolate. Con estos contrastes en la retina, me dirijo a la ruka (casa) mapuche, donde continúan detenidas tres mujeres y sus hijxs desde hace casi 8 meses.

Una lluvia helada cae sobre el lago. Son las 9 de la mañana y solo 5 grados nos separan del bajo cero. Nieva en las montañas. Hay algunos autos estacionados en la puerta de la ruka, lo que significa que la convocatoria ha tenido éxito. El día anterior, el trawn (reunión donde circula la palabra), convocado por la machi (autoridad espiritual) Betiana Colhuan Nahuel, también detenida, era solo para el pueblo mapuche. Esta jornada, se nos invita a formar parte también a lxs no mapuche, "para debatir, para generar ideas, propuestas, y que puedan ser llevadas adelante".

Al entrar, la sorpresa se multiplica. Apenas puedo avanzar. En lo que deben ser 4 por 7 metros aproximadamente, no hay más lugar libre, ni en el piso. Pero enseguida se amuchan algunxs para allá, otrxs para acá, se levanta el mate, se corre la mochila, se juntan las piernas y ahí está. Seguimos llegando. De a grupos, grupas, en fila, siguen entrando y ahora ya no se siente el frío y, por el contrario, toca abrir un poco las ventanas.

En el centro de la sala se encuentran la machi Betiana, de la Lof Lafken Winkul Mapu, junto al lonko Mauro Millán, de la Lof Pillán Mahuiza, y el lonko Carlos Curruhuinca, de la zona de San Martín de los Andes. Reconozco a algunas personas y voy conociendo a otras a medida que avanza la ronda de presentación. De distintas comunidades de Neuquen, Río Negro, Chubut, organizaciones sociales, feministas, de derechos humanos, comunicadorxs populares, vecinxs de distintas localidades que se hicieron presentes para reafirmar el acompañamiento y amplificar las voces de denuncia ante la situación que están atravesando las hermanas mapuche, sus hijxs y, en general, todo el pueblo mapuche. Para algunos se cumplen 40 años de democracia.

"Machi" Betiana: "Estamos atravesando un momento difícil, física y espiritualmente. Nuestra salud está en deterioro, al igual que nuestro rewe".

Trato de reconocer el lawen (distintas plantas y frutos, parte de la medicina tradicional mapuche) que cuelga de las vigas de madera junto a las paredes. Desde que vivo en la ruralidad, hace más de 12 años, fui aprendiendo a reconocer y utilizar solo algunas de las innumerables variedades de alimentos y medicinas que el territorio nos ofrece, si tan solo lo dejamos ser. Para el dolor de cabeza, para la gripe, para la piel, para las contracturas, el estómago y los dolores menstruales. Como cataplasmas, infusiones, en el mate o directo al buche.

En eso se había ido mi pensamiento por un momento cuando escucho al lonko Mauro Millán: “A la naturaleza no le interesa ningún ismo. La naturaleza es la naturaleza. ¿Qué hizo nuestra gente? ¿Qué hicieron nuestros antepasados? Decodificaron ese secreto, de comunicarse con cada elemento; y uso esa palabra para que me entiendan, ¿no? Lo hicieron a través del mapudungun. ¿Cómo nos comunicamos? Porque no es que estamos como locos hablándole a un cerro. Sabemos con quién hablamos, sabemos con quién establecemos contacto, con quién hacemos alianza. Eso lo aprendió el pueblo mapuche. Bueno, sería momento de que la sociedad no mapuche también aprenda esos códigos”.

 
Las cosas por su nombre: presas políticas

La machi actualiza la situación. “Estamos atravesando un momento difícil, física y espiritualmente. Nuestra salud está en deterioro, al igual que nuestro rewe (espacio ceremonial y espiritual, de la machi y todo el pueblo mapuche). Habiendo un compromiso, un acuerdo, el Estado nunca concretó con la firma la devolución del rewe. Estamos acusadas de doble usurpación: por la causa de 2017 con Parques Nacionales, llamada la causa madre; y ahora, en 2022, por esta otra causa que aparece el 4 de octubre cuando nos meten presas, como si tuviésemos una condena, cuando ni siquiera tuvimos un juicio y además es un delito excarcelable”.

Betiana, Luciana Jaramillo, Romina Rosas y Celeste Huenumil Ardaiz (recientemente trasladada a reclusión domiciliaria en otro lugar) están presas hace casi ocho meses por un delito excarcelable: la supuesta “usurpación” del territorio donde fueron detenidas el 4 de octubre de 2022. No tuvieron juicio ni condena alguna en su contra.

Mientras el Estado nacional celebra sus cuarenta años de democracia, el pueblo mapuche está bajo una dictadura racista. Cuarenta años de democracia que, hasta el día de hoy, no han transformado nuestras vidas ni reconocido verdaderamente nuestros derechos como pueblo. Para nosotros esta democracia es la hipocresía con la que se otorgan privilegios a la blanquitud latifundista, a la blanquitud del aparato judicial, a la blanquitud de los empresarios del periodismo racista y a todos los supremacistas que contribuyen a este genocidio silencioso que estamos sufriendo. Esta democracia, tal como está, genera una tiranía racista que alimenta figuras electorales patéticas y peligrosas que atentan contra la libertad y los derechos humanos que debería resguardar. Esta democracia pone un presupuesto millonario en las fuerzas federales que reprime, desaloja, persigue y encarcela a nuestro pueblo, que esta vez se tomó forma en un Comando Unificado. Esto ha dejado víctimas de tortura, gente en la clandestinidad, causas judiciales armadas y partos en cautiverio”.

El comunicado se lee en voz alta a todxs lxs presentes y acordamos que luego seria difundido por las redes junto a al adhesión de todxs nosotrxs y el compromiso de acompañamiento en este pedido de respeto a la palabra: la firma del acuerdo, la libertad de las mujeres y sus niñxs, el retorno de la machi a su rewe y territorio.

Se nos invita a formar parte también a lxs no mapuche, "para debatir, para generar ideas, propuestas, y que puedan ser llevadas adelante".

 

No hay feminismos sin libertad

Llama la atención una hermana que lleva el sombrero característico de Bolivia. Se para y se presenta luego de saludar en su lengua. Se trata de Adriana Guzmán, mujer Aymara, parte de una delegación de cuarenta provenientes de los feminismos plurinacionales del Abya Yala. Con voz firme y una claridad contundente, despabila a más de unx: “Es indignante que podamos juntarnos a hablar de feminismo y de patriarcado cuando hay hermanas que no están en libertad. Es una interpelación que tenemos que hacernos. El feminismo se ejerce en libertad, se lucha en libertad y... ¿con que cara vamos a encontrarnos si no hay libertad para todas? Y esta misma interpelación va también a todos los sindicatos, partidos de trabajadores y muchas organizaciones que tienen que sumarse a la lucha".

Claudia Korol es parte de esta delegación y además integra la comisión veedora de la Mesa de Diálogo, ahora en suspenso hasta el 1 de junio, entre el Estado Argentino y la Comisión de los Pueblos Indígenas. “Aquí se está dando una batalla contra las políticas extractivistas que lleva adelante el Estado Nación, y ratificamos que la libertad de las detenidas debe ser una lucha de todas las organizaciones sociales, políticas, de derechos humanos, feministas. Y así como nos indigna tanto el avasallamiento a los derechos de las hermanas mapuche, genera también mucha preocupación que no tengan la respuesta suficiente de parte del movimiento popular, incluso del movimiento de mujeres. Denunciamos el racismo en todas sus expresiones, denunciamos al patriarcado, que mantiene como rehenes a las hermanas mapuche y sus niños y niñas, para que no se siga avanzando con las recuperaciones de territorio, que son legítimas, y para que, más que un ejemplo, sea un amedrentamiento para otras comunidades que quieran continuar este camino”.

Betiana Colhuan Nahuel, Luciana Jaramillo, Romina Rosas y Celeste Huenumil Ardaiz están presas hace casi ocho meses por un delito excarcelable: la supuesta “usurpación” del territorio donde fueron detenidas el 4 de octubre de 2022.

 

Infancias en cautiverio

A poco de cumplirse cuatro décadas de la recuperación democrática en el país, Argentina mantiene a cuatro mujeres mapuche detenidas con sus hijxs por el supuesto delito de “usurpación”. Una de ellas tuvo que parir vigilada por policías y en situación de encierro. Su bebé, que ya tiene 7 meses, no conoce la libertad.

Mientras hacemos una breve pausa para almorzar, la machi Betiana (que también es madre lactante) cuenta que hasta hace dos días tenían solo “ese” calefactor viejo funcionando, que estuvieron todas con una gripe muy fuerte que también afectó a sus hijxs. “Por suerte vinieron un grupo de mujeres mapuche gasistas y nos arreglaron la otra estufa, porque estábamos pasando mucho frío”. Romina, otra de las detenidas, se encuentra con neumonía, “medio aislada” en una de las dos habitaciones de arriba, junto a su bebé y asistida por ellas. 
La machi sigue: “Se nos quemó el lavarropas porque había dos cables haciendo cortocircuito, a la cocina solo le funciona una hornalla y el horno no cierra. Nos alimentamos como podemos y con la solidaridad de la gente. El termotanque estaba pinchado, así que tuvimos que comprar uno nosotras”.

El espacio que habitan hoy las tres detenidas y sus hijxs no está preparado como vivienda. Es una casa de paso y de encuentros que tiene al menos 40 años y que fue la alternativa encontrada en el momento de su detención, para que las mujeres no fueran a una cárcel común. Se consiguió la prisión preventiva por ser mujeres con niñxs pequeñxs, pero sus domicilios ya no existen porque fueron quemados y destruidos luego de la violenta irrupción del Comando Unificado en el territorio en octubre pasado.

Como detalle, la ruka mapuche se encuentra junto al edificio de Criminalística y a un lugar de entrenamiento de las fuerzas represivas. Las infancias ven a diario, del otro lado del alambre, a policías haciendo simulacro de tiro.

"Esta democracia, tal como está, genera una tiranía racista que alimenta figuras electorales patéticas y peligrosas que atentan contra la libertad y los derechos humanos que debería resguardar. Esta democracia pone un presupuesto millonario en las fuerzas federales que reprime, desaloja, persigue y encarcela a nuestro pueblo".

 
La palabra larga y el silencio cómplice

Un comunicado difundido después del trawn de ayer, entre comunidades mapuche, denuncia: “El Estado no solo se ha desentendido de su responsabilidad, sino que las está dejando morir lentamente. Las mujeres, niños y niñas están afectadas severamente en su salud física, psicológica y espiritual”.

No sólo ellas están privadas de su libertad. Un grupo grande de mujeres y hombres, entre los que se encuentran los padres de esos niñxs, fueron obligados a la clandestinidad, perseguidos por el Estado que permanece en el territorio donde habitaba la comunidad, militarizando toda la zona.

Las paredes de la ruka hablan. “Basta de causas armadas”, “Lof Quemquemtreu resiste”. Dos rostros en una fotocopia nos interpelan la memoria: “Elias Cañicol iem, Rafael Nahuel iem, viven en los territorios recuperados”.

El espacio que habitan hoy las tres detenidas y sus hijxs no está preparado como vivienda. Hay problemas eléctricos, no está bien calefaccionado y la infraestructura es precaria.

Una de las mujeres mapuche presentes en el trawn expresa: “Tengo familia en clandestinidad. Andan como delincuentes, por defender la tierra. Esta mesa de diálogo está integrada por nietos e hijos recuperados. Cabandié, Pietragalla, Wado de Pedro. ¿Esta gente no tiene memoria? La misma Norita les preguntó con los ojos brillantes qué dirían los padres de esos hijos y nietos recuperados. A toda la gente que levanta la bandera de los derechos humanos y la pisotea, a los luchadores históricos que nos dan la espalda: hoy tengo un primo desaparecido y una prima nacida en cautiverio”.

Históricamente, el pueblo mapuche se ha caracterizado por su tradición de parlamentar y dialogar, durante largas horas, días y días si el contexto amerita. La palabra tiene peso, consistencia y consecuencia. Y se cumple.

Por el contrario, el Estado argentino está lleno de palabras bonitas y discursos que no se condicen en la práctica, que incluso se contradicen con ella. Durante el desarrollo de la mesa de diálogo, y pese a ser un diálogo desigual (porque jamás se sentaron a dialogar con la machi y las mujeres que están privadas de su libertad, a quienes les destruyeron sus casas), se llegó a un acuerdo que se redujo a la adecuación de las comunidades a las condiciones que el Estado impone para cumplir con sus propias leyes. 

Así y todo, y a través de las y los representantes de las comunidades mapuche y mapuche-tehuelche en esa mesa, se logró acordar el retorno de la machi al rewe y al territorio donde podrán reconstruir su casa, una para sus ayudantes y otra para las personas que se atienden con ella, y la cesión de Parques Nacionales de ese predio de 7 hectáreas, más otras 10 en el lago Guillelmo, unos kilómetros más al sur de Villa Mascardi, relocalizando (desmembrando) a la comunidad, entre otros puntos. Sin embargo, esto no se efectiviza porque falta la firma del Estado y de Parques Nacionales, que vienen dilatando ese momento sin argumentos.

El comunicado redactado colectivamente por las comunidades en el trawn es preciso: “En la última mesa del 10 de febrero, se consensuó un acuerdo definitivo, que solo restaba ser firmado en la próxima reunión. Pero esto no ha ocurrido porque el Estado ha postergado arbitrariamente tres veces esa fecha. La firma de ese acuerdo está anunciada para el 1 de junio. Si no se efectúa en esta fecha, daremos por entendido que el Estado abandona la solución al conflicto a través de esa Mesa de Diálogo. No toleraremos más dilación ni engaños”.

"Lonko" Carlos Curruhuinca: "Ustedes son conscientes del terrorismo de Estado desde el '76, nosotros hace 500 años".

 

Voces de la mapu

Chachay, como le dicen cariñosa y respetuosamente quienes lo conocen, se presenta. Sus palabras merecen una nota aparte, son un relato en sí mismo: “Soy mapuche neto, hijo de hombre mapuche y mujer mapuche”. Es uno de los más longevos de la reunión. Con su voz tranquila pero firme, sentencia: “No tienen idea cómo vive un mapuche… ¡10 hectáreas! Nosotros pastoreamos, necesitamos nuestro cementerio, nuestros espacios ceremoniales, espacio para el desarrollo poblacional, para la huerta , los caballos, un lugar apto y suficiente. Debemos poder proyectar nuestro pueblo, garantizar la continuidad de las generaciones”.

Mauro Millán: “Las recuperaciones por supuesto que tienen un sentido ideológico, espiritual. Luchamos por el territorio. Qatar, Emiratos Arabes, Lewis, no son presencias inocentes. Somos los únicos que estamos dando la vida por defender el territorio, un dilema para la 'soberanía'. Vivimos en una democracia que lamentablemente no ha cambiado el destino de nuestro pueblo y solapadamente sostiene prácticas de la dictadura: muertes, detenciones arbitrarias, torturas”.

"Esta mesa de diálogo está integrada por nietos e hijos recuperados. Cabandié, Pietragalla, Wado de Pedro. ¿Esta gente no tiene memoria? La misma Norita les preguntó con los ojos brillantes qué dirían los padres de esos hijos y nietos recuperados".

El lonko Carlos Curruhuinca permanece serio mientras escucha a todxs lxs presentes. A su turno expresa: “No voy a ahondar más que lo que dijo Mauro, porque se me estruja el corazón. La complicidad e indiferencia de la sociedad… mis lamien están 24 horas del día mirando estas paredes esperando retornar al territorio. Ni siquiera a sus rukas, porque ya no están. Ustedes son conscientes del terrorismo de Estado desde el '76, nosotros hace 500 años. Argentina está constituida como Estado, adentro de un territorio con muchos pueblos originarios. Duele la situación de las lamien. Hablan de nosotros sin nosotros. Nuestra pobreza ha sido tener 'recursos'. Argentina está como en el 1800, a la deriva. ¿Adónde va políticamente? Siento bronca, dolor y esperanza. Cada uno de nosotros somos hermanos. De un lado y otro de la cordillera. Espero que podamos encontrar un camino en conjunto”.

El llamado está hecho. El 1 de junio, el Estado debe firmar lo acordado y dar un paso, al menos, en el camino del respeto a los derechos humanos y los pueblos indigenas. No debiera recaer solo en el pueblo mapuche la responsabilidad de defender lo que queda de agua, bosques nativos, humedales. 

Salir del relato a las calles a defender la vida debe ser un compromiso colectivo. Memoria, verdad, justicia y reparación histórica para un mundo donde quepan muchos mundos. Como muchos corazones conscientes caben en una pequeña ruka mapuche.