Los laberintos de Victoria Villarruel

06 de enero de 2026
Nelson Santacruz

En el libro “La Generala”, Emilia Delfino presenta su investigación sobre la Vicepresidenta desentrañando los hilos del poder, su ideología militar y las internas en la cúspide del Gobierno. Cómo adaptó su discurso para crecer políticamente y por qué libra una batalla feroz contra Karina Milei.

Mientras escribía La Generala, la biografía no autorizada de Victoria Villarruel, la periodista Emilia Delfino hizo lo que indican los manuales del oficio. “Yo busqué darle la oportunidad de defenderse, que cuente su historia, pero rechazó la posibilidad”. Así lo contó Delfino en su visita a nuestro stream “No es por ahí”, disponible en el canal de YouTube de Posdata. Con Gabriela Yvy la entrevistamos para conocer quién está en la cima del Poder Ejecutivo con Javier Milei.

En La Generala (Planeta, 2025), Delfino penetra en el hermetismo de Villarruel explorando una subjetividad atravesada por una estirpe militar que incluye a su padre, su tío y su abuelo, figuras clave en su formación y en su visión de la historia argentina. Según explica la autora, la obra revela las dos caras de la funcionaria: la imagen institucional, dialoguista y amable que proyecta hoy, frente a la versión de los entrevistados que la describen como una mujer intransigente, dura e individualista. Desde sus inicios en organizaciones como “Jóvenes por la Verdad” hasta su ascenso en la Libertad Avanza, la investigación expone el giro discursivo que le permitió convertirse en la vocera ideal de una derecha que buscaba renovarse.

Delfino, licenciada en Comunicación periodística y magíster en Edición de investigación, vuelca su experiencia en medios como Perfil y CNN para diseccionar la figura de una mujer argentina poderosa. Su obra es el resultado de un riguroso proceso técnico que incluyó 60 entrevistas y un exhaustivo análisis de archivo de redes sociales para comprender cómo la actual Vicepresidenta fue adaptando su discurso según la conveniencia de su estrategia política.

La autora aclara que se trata de una biografía no autorizada, motivada por un interés periodístico genuino en una figura pública que hoy ocupa el segundo mando en Argentina, quien decidió no participar activamente durante el proceso de La Generala.

 

Segundo escalafón de mando
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Según Emilia Delfino, el vínculo político entre Javier Milei y Victoria Villarruel no fue casual. Sobre la génesis de esa alianza: “Juan José Gómez Centurión quiso que ella fuera candidata; Villarruel rechazó esa posibilidad”. El exfuncionario, veterano de Malvinas y cercano al padre de Villarruel, buscó inicialmente incorporarla a su propio espacio de derecha conservadora, católica y nacionalista. 

Sin embargo, cuando surgieron las elecciones legislativas de 2022, Milei emergió como figura de la derecha liberal libertaria y se posicionó “como contrapeso de Rodríguez Larreta”, a quien la derecha más tradicional veía como de centroderecha.

Milei consultó a Gómez Centurión sobre quién debía acompañarlo. Su respuesta: “Victoria Villarruel. Me encanta Victoria”. La periodista reconstruye cómo la propuesta fue trasladada al consultor político de Milei, Mario Pato Russo, quien luego activó la conexión con Vicente Massot, vocero intelectual de la derecha católica y conservadora, para presentar la oferta directamente a Villarruel, quien finalmente aceptó.

De este modo, la elección de la Vicepresidenta refleja un consenso entre distintas corrientes de la derecha, conservadora y pro Malvinas, que buscaban fortalecer una agenda opuesta al progresismo y al liderazgo de la centroderecha tradicional. En palabras de Delfino, todo esto surgió “en un café acá en el centro porteño”, donde se concretó la articulación que terminó definiendo la fórmula que ganó en 2023.

 

Las claves de La Generala
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–¿Cómo es investigar a alguien con tanto poder? Vos ya habías hecho un libro de Moyano, por ejemplo. ¿Te da algo de miedo al momento de publicarlo?

–Claro que cuando investigás a estas personas te da algo de miedo. Sobre todo con personas como Villarruel que piensan que lo que pasó en la dictadura está bien. Gente que siente que las violaciones a los derechos humanos están bien, que la Agenda 2030 está mal y que es bueno ir contra la expansión de derechos civiles. ¡Qué miedito! ¿No? Yo busqué darle la oportunidad de defenderse, que cuente su historia, pero rechazó la posibilidad. Es una figura pública al mando de un país y eso, de alguna forma, le permite a un periodista meterse en su vida. La idea era mostrar virtudes y defectos, antecedentes, su historia. Van a ver el contraste de una Villarruel dialoguista, institucionalista, abierta e incluso simpática con la descripción de entrevistados que la visualizan como alguien dura, intransigente y más individualista.

–¿Qué podés contarnos del entorno de Villarruel?

–Ella desde chica fue absorbiendo todo el malestar de una familia militar. Además del padre, hay dos hombres importantes: Ernesto Villarruel y el contraalmirante Lauro Hedelvio Destéfani. Ernesto es su tío, hermano mayor del papá, miembro de Inteligencia que ordenaba secuestrar civiles para distribuirlos a los centros clandestinos de detención en la última dictadura. A él solo lo judicializaron por un hecho y después fue diagnosticado con Alzheimer, por lo que murió sin ser juzgado por todo lo demás. Lauro, su abuelo materno, era un importante historiador de la Armada, un marino ilustre que escribió muchísimos libros. Él se enfrentaba a Osvaldo Bayer porque cada vez que escribía sobre la Patagonia rebelde, atrás salían intelectuales de derecha a contrarrestar su teoría sobre aquella masacre. En dictadura, Lauro pasó a ser parte de la Academia Nacional de Historia y cuando ella era más chiquita la llevaba para charlar y formarla políticamente. Ambos fueron muy importantes en su vida.

–¿Cómo es su relación con militares que están presos por delitos de lesa humanidad?

–Ella siempre tuvo mucha relación con hombres que saben sobre los desaparecidos. Por ejemplo, uno es Alberto El Gato González, de la ESMA, que era parte de Inteligencia. Un hombre acusado de delitos aberrantes y que muchos señalan como un gran mentor de la Vicepresidenta. Además de ser un asesor fundamental en la escritura del primer libro de ella, Los llaman... ‘jóvenes idealistas’ (CELTYV, 2009), que es como un manual de inteligencia sobre organizaciones armadas. Además, por supuesto, tenía cercanía con Videla desde joven.

–¿Cómo describirías la interna de Villarruel con Karina Milei?

–Nunca se llevaron bien. Primero, porque se comenta que Karina desconfía de Victoria. La ve como alguien que construye para sí misma. Por otro lado, Villarruel subestima el lugar de Karina, no la reconocía en esa posición de poder. Sin embargo, estaba todo el tiempo al lado del Presidente organizando los actos y las listas. Cuando empezó a avanzar el crecimiento de Karina, lo que pasó fue que dentro del espacio de Victoria le piden que empiece a hablar con Karina... pero ella se negaba. Acuérdense que la Vicepresidenta no podía participar del armado de las listas en Provincia de Buenos Aires, que era lo que más pretendía. Ella presidía el Partido Demócrata de Buenos Aires y necesitaba devolverle a ese partido lo que le había dado, que era la presidencia del partido. Le habían dado a La Libertad Avanza un sello para competir en la Provincia y, a cambio, querían candidatos, pero no hubo posibilidad de meter a nadie.

 

Los inicios: una juventud de derecha
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El 17 de octubre de 2024, Villarruel visitó a Isabel Martínez de Perón (Isabelita). Para la periodista, fue una estrategia tanto política como personal, ya que necesitaba “mostrarse protagonista también ella” porque el Gobierno la tenía “totalmente corrida”. Delfino recuerda que Villarruel buscaba diferenciarse de Milei, reemplazar sus ausencias en la Provincia y mantener su presencia mediática. 

Pero la conexión con Isabelita no fue solo táctica: también fue ideológica. Para Villarruel y su padre, esa mujer es “la persona que firmó el primer decreto en 1975 para habilitar la pelea en Tucumán”. Este hecho, conocido como Operativo Independencia, fue una antesala de la dictadura y de “la aniquilación de la acción subversiva”. Esta referencia marcó un vínculo simbólico con su interpretación del orden militar y político de aquel momento.

Delfino subraya que este contexto es decisivo para entender la vida de Villarruel. La llegada de la democracia en el ‘83 significó, para ella, “el fin del ascenso de la carrera de su padre”, una carrera que era “su vida”. Esta debacle familiar configuró parte de la visión ideológica de Villarruel, así como su interés por mantener una presencia activa en la política.

Victoria Villarruel ha sido siempre muy enigmática y hermética con dos cosas: su vida privada y su verdadera posición sobre la dictadura. Sin embargo, Emilia Delfino recupera huellas en su libro. Entre los pensamientos tempranos de la Vicepresidenta, hacia 2006, escribía que “lo que pasó en los 70 fue una guerra, que por lo tanto lo que cometieron los militares fueron delitos de guerra que tienen que ser juzgados por la Justicia militar, no civil, y que están prescritos”. En ese momento, señala la periodista, Villarruel consideraba que “el terrorismo de Estado no existe, porque el Estado no puede atentar contra sí mismo”.

Los comienzos de Villarruel en la escena militante de derecha se remontan a su rol en “Jóvenes por la Verdad”, la primera organización que presidió. Según Delfino, este grupo “iba a la casa de Videla a entrevistarlo, hacían campañas, por ejemplo, recolectando cartas de apoyo a Ricardo Cavallo, que era un ex represor de la ESMA; hacían cadenas de oraciones en las iglesias a favor de los militares detenidos por delitos de lesa humanidad”. En esa etapa también se relacionó con Cecilia Pando y asistió con ella a marchas y actividades de la derecha conservadora.

Sobre el cambio discursivo para consolidarse en la política y los medios: “Ella tiene que dar un giro de 180 grados con su propio discurso y empezar a sostener que los delitos de lesa humanidad sí se pueden aplicar a la Ley argentina, porque si no lo hace, no se puede juzgar a los ex guerrilleros por los crímenes durante los 70”. Este cambio le permitió pasar de defender exclusivamente a los militares a representar a otras víctimas y construir una voz mediática que la habilitó a entrar en la política, manteniendo siempre una conexión con su pasado ideológico y su familia, en un recorrido marcado por conflictos de poder y confrontaciones públicas.

El trabajo de La Generala permite comprender que la llegada de Victoria Villarruel al poder es el desenlace de un proceso de preparación que, según sus propias palabras, le tomó 20 años. Emilia Delfino sostiene que la Vicepresidenta atraviesa hoy su “peor pelea” en la interna con Karina Milei, que refleja desconfianzas mutuas y disputas de poder. 

La figura de Villarruel conecta permanentemente con el pasado y es difícil imaginarla fuera del escenario principal. Es una dirigente que se preparó para sobrevivir a las crisis y que, con ayuda de una inteligencia que Delfino califica de “tremenda”, buscará la forma de trascender incluso al propio Javier Milei para asegurar su permanencia en la política argentina.