La era de la libertad (para los machos violentos)
por Estefanía SantoroFotos: Rodrigo Ruiz
31 de mayo de 2026
Del morbo mediático a la desidia estatal: por qué el aumento constante de los feminicidios exige políticas integrales y no solo castigos penales que llegan tarde. Una denuncia urgente contra un sistema misógino y la certeza de que el dolor se combate en la calle.
Escribo con bronca y angustia; escribo desde la impotencia. Nos arrancaron a una más. Mientras tanto, los medios nacionales realizan una espectacularización morbosa del caso, juzgando el comportamiento de Agostina y debatiendo "si iba por buen o mal camino", pero callan y protegen con su silencio al femicida.
La violencia de género existe y la vemos todos los días en el aumento constante de las cifras. Nos matan a una cada 36 horas. Detrás de esos números hay vidas arrebatadas que el Gobierno Nacional decide ignorar. Por eso, no hablamos solo de femicidios, sino de feminicidios: crímenes que implican la responsabilidad directa del Estado en un contexto de misoginia sistemática.
El mapa del horror se extiende por todo el país. En Córdoba, también nos falta **Delicia Mamaní desde hace seis meses. Finalmente, tras decenas de marchas y concentraciones de sus familiares y amigues frente a los Tribunales Federales, la justicia federal investigará su desaparición bajo la carátula de posible trata de personas.
En Misiones, el dolor se multiplica: Dulce María Beatriz Candia, de tan solo 17 años, fue encontrada asesinada tras permanecer dos semanas desaparecida. Y seguimos sin saber dónde está y qué pasó con Tehuel de la Torre.
Estos son solo algunos casos de una lista que no para de crecer. Esto es lo que sucede cuando desde el poder se fomenta el odio y la negación de una problemática gravísima. A la inacción estatal se le suma un sistema judicial misógino, con jueces sin perspectiva de género que no hacen más que reproducir la lógica patriarcal.
Aun cuando la justicia actúe en tiempo y forma aplicando condenas ejemplares, este problema que afecta a mujeres, lesbianas, travestis y trans no se soluciona únicamente con el derecho penal, el aumento de penas o la creación de nuevos delitos. El castigo llega tarde: es la última herramienta cuando la violencia ya se consumó.
Todos los esfuerzos deben concentrarse en evitar llegar a esa instancia. Por eso, exigimos y necesitamos políticas públicas integrales que atiendan la violencia de género desde la raíz. Se vuelve urgente romper con los patrones de crianza que reproducen la cultura machista en el interior de cada hogar. Desarmar la violencia estructural y sistemática: esa es la verdadera tarea.
Hay quienes creen que "nos pasamos tres pueblos" y nos cuestionan desde la comodidad y los privilegios de sus masculinidades. A ellos les respondemos que la violencia de género es histórica y estructural, y ha sostenido a las sociedades desde sus inicios. No es una exageración, es nuestra supervivencia.
Mientras nuestras vidas y libertades continúen en peligro, no va a haber silencio ni tregua. No vamos a parar de luchar nunca. Por Agostina, por Delicia, por Dulce María y por cada una de las que ya no están: nuestro dolor es lucha y nuestra respuesta es colectiva.
Nos vemos en las calles este 3 de junio.
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