LA PRIMERA VEZ DE ANDRÉS RUIZ 0
Vino a renovar la música urbana cuando empezaba a cambiar el siglo. Pero hay que ir más atrás en el tiempo: al patio de la casa familiar en Haedo, a Numa, su abuelo bandoneonista, y sus dos hermanos, también músicos, Florencia y Federico. Se formó escuchando discos de rock nacional y rock progresivo, fue baterista de metal y percusionista de música de la India. El formato “canción” –o “no canción”– llegó después a la vida del más chico de los Ruiz, autor de los discos “Amuleto” (2005), “Amor ventrílocuo” (2007), “Los deudos” (2008) y “Ruiseñor” (2010), este último, con la participación de Litto Nebbia.
Foto: Eugenia Kais
Andrés Ruiz cuenta que la primera vez que se subió a un escenario para hacer música fue en 1996, cuando cursaba tercer año del colegio secundario. La banda se llama Antares y estaba formada por él y tres compañeros más de curso. “Por supuesto que teníamos el nombre, el logo, las fotos y demás mucho antes de saber un acorde”, cuenta entre risas, pero agrega que “el tiempo me ha enseñado que la música es mucho más que música”. Antares era, básicamente, un grupo de heavy metal.
¿Cómo fue ese primer recital?
Luego de varios meses de ensayos, debutamos en un acto del colegio. Teníamos 15 años. Nuestro número fue puesto entre el Himno Nacional y la actuación de unos compañeros pintados con corcho.
Subimos a escena y arrancamos con Si se calla el cantor, de Horacio Guaraní, pero en la versión ultrametalera de Hermética. Creo que nos salía bastante bien, a pesar de los numerosos pifies que –suponemos– nadie notó. Éramos una pared de sonido, con cinco miniamplificadores de 15 W uno arriba del otro.
Seguimos con un par de temas nuestros que eran medio bodrio pero nos permitían lucirnos más. Recuerdo un rulo que yo metía en el medio de un tema y después quedaba solo con el bajista. ¡Una parte horripilante!
El broche de oro fue una digna versión de Sólo por ser indios de ANIMAL, que estaba de moda por esos años y al cantante le gustaba mucho.

