Revista Cítrica

Dibuje, maestro


20 de febrero de 2017

Lautaro Romero

Se celebró la Noche de los Dibujantes en el Konex: una velada de ensueño que los maestros del noveno arte compartieron con su público. El crecimiento del trabajo independiente, por fuera de las grandes editoriales, y cómo poder vivir del dibujo se ha vuelto utópico.

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A simple vista da la impresión de ser un monstruo hambriento salido de las páginas de Marvel. Un ciempiés humano, con cada pata sosteniendo una hoja de papel membretado. Su cuerpo alargado se extiende por el patio y acapara las luces de una Ciudad Cultural ya agitada, y su cabeza -y sobre todo sus antenas- capta cada vibración de un momento único.

Pero no, mirándolo bien es un montón de gente en fila india, que comienza apenas superada la boletería. Los ojos transmiten euforia, entusiasmo; mayor o igual al de ese numeroso grupo que aún rasguña las paredes, y las puertas de entrada a la Ciudad Cultural Konex, en el barrio del Abasto. Es una velada de ensueño.

¿El menú? La Noche de los Dibujantes. Un encuentro cara a cara entre lectores de todas las edades y los dibujantes más reconocidos de Argentina. Por eso ese ciempiés humano sostiene las hojas membretadas, cada pata quiere darse el lujo de atesorar una obra de su artista preferido. Y el maestro Horacio Altuna, está ahí para cumplir los deseos.

Hace 50 años que le dedico todo el día al dibujo. Todos los días. Para ser bueno hace falta mucho tablero, mucho tiempo. El dibujante es un corredor de fondo, sino terminas siendo un artista mediocre

Altuna es uno de los  máximos referentes de ilustradores y guionistas argentinos (Eduardo Maicas fue otro de los que más convocó), responsable de las andanzas del recordado personaje popular “El Loco Chávez”. Y claro, de invocar a semejante masa. “Dicen que soy el padrino de todo esto”, señala. La Noche de los Dibujantes es una movida que lleva adelante la Asociación de Dibujantes Argentinos (ADA), y que se inició en julio de 2016, con un evento similar en el bar porteño Santos 4040.

 “El objetivo es darle visibilidad al sector, lograr un feedback con los lectores y que los dibujantes nos encontremos. Tenemos la posibilidad de estar con mucha gente, que nos conozcan y nosotros conocerlos a ellos”, explica Horacio. “El encuentro con  los lectores siempre es lindo. Enriquece”, agrega Max Aguirre, quien junto a Tute le sumó algo de música a la cita, con la presentación del trabajo Canciones dibujadas, en el escenario del Konex.

El lugar se llenó de arte porque la máquina no dejó de producir: pintar, gastar mina, sacar punta. A fin de cuentas, la rutina de un dibujante. Si es que la hay. “Hace 50 años que le dedico todo el día al dibujo. Todos los días”, comenta Altuna. José Massaroli, otro experimentado del comic, tiene un método más relajado: “Aprovecho la mañana y lo más liviano lo dejo para la tarde”.  

Mañana, tarde, noche. Todo el día. No importa cuándo. Las consecuencias para la tribu de dibujantes son las mismas. Espaldas encorvadas. La vista ya no es de tanto fiar. Producto de haber corrido maratones olímpicas de dibujo. Pegado a la silla. Sí. Pero con la misma exigencia física y mental que esos corredores incansables, generalmente lungos, que viven con el sudor en la frente. O por lo menos así lo entiende Altuna: “Para ser bueno hace falta mucho tablero, mucho tiempo. El dibujante es un corredor de fondo, sino terminas siendo un artista mediocre”.

El problema es que hay muchos jóvenes que dibujan, publican sus trabajos en internet y se sienten satisfechos pero en realidad no ven un mango. Lo mismo ocurre al momento de publicar un libro. No hay un mercado tan grande en Argentina como para mantener a todos los dibujantes

Ya pasó el turno de Massaroli. Ya dibujó. Ya le sacó una sonrisa a un nene y como gesto natural, él también sonrió. Inmediatamente se le viene a la cabeza la voz del Pato Donald, uno de los personajes de Walt Disney que ilustró durante su época dorada para Estados Unidos y Europa. “A muchos en los 90´ no nos quedó otra que trabajar para editoriales del exterior. Y si uno trabaja para EE.UU, otro para Francia e Italia, y al mismo tiempo están los dibujantes que publican en diarios locales, se complica sostener una misma línea”.  José dio sus primeros pasos en los estudios de Manuel García Ferré, como colaborador de las revistas de Hijtus y Larguirucho: “Era una época en la que había mucho trabajo y eso era normal. Hoy la situación está complicada, sobre todo para aquellos que siempre han hecho trabajos marginales, por fuera del mainstream. A mí me cuesta acostumbrarme. Si quiero integrarme al ambiente, no sé para donde agarrar porque veo tendencias que no las siento. Quedé retrasado”.

Massaroli no puede evitar la mueca de preocupación que sentencia la frase. Y que, casi instintivamente, abre el interrogante: ¿Se puede vivir del dibujo? “No lo creo. El problema es que hay muchos jóvenes que dibujan, publican sus trabajos en internet y se sienten satisfechos pero en realidad no ven un mango. Lo mismo ocurre al momento de publicar un libro. No hay un mercado tan grande en Argentina como para mantener a todos los dibujantes”.

“Es muy difícil. Por un lado, contamos con las redes sociales como herramienta útil para difundir nuestras obras, permitiendo así el acceso al mercado extranjero, cuando antes había que cruzar el océano con una carpetita. Pero así y todo están faltando fuentes de trabajo”, analiza Altuna, quien radica en España desde hace más de tres décadas. “Vivir de la historieta en la Argentina es cosa rarísima. Ni siquiera tiene que ver con el talento. Juegan un montón de aspectos”, agrega Max Aguirre.

Vivir de la historieta en la Argentina es cosa rarísima. Ni siquiera tiene que ver con el talento. Juegan un montón de aspectos

Cae la madrugada del sábado. Algunos fanáticos aún merodean por el lugar en busca de un dibujo con la hoja membretada todavía en blanco. Ya concluyeron las sesiones de estudio en vivo con Ariel Olivetti, El Niño Rodríguez y Salvador Sanz. También las exposiciones y subastas de originales, y la ya tradicional riña en el ring, con Diego Parés y Diego Greco como protagonistas estelares. Incluso Altuna dio por terminada su charla ante un puñado de curiosos que incorporaban sus saberes: “Cuando hacemos algo, la clave está en saber qué queremos decir”, fue su consejo.

La fórmula del maestro no da garantías de éxito. Él mismo lo reconoce. Es un hecho que los dibujantes de menor calibre se ven obligados a encarar proyectos paralelos, de gestión independiente, inmersos en un mercado laboral apático que no da señales genuinas de crecimiento, y con espacio restringido para las pequeñas y medianas editoriales. A eso se le suma un gremio muy joven que busca ser más, y que intenta lograr una comunión sin escala de grises entre los socios de ADA (la asociación recibiría un aporte de 40 mil pesos de las ganancias de la Noche).

“Esta bueno que se junten fondos y haya un espacio que ayude a los dibujantes desde un aspecto más sindical. No lo necesitamos quienes trabajamos hace años en el medio, pero me parece que puede ser un lugar que funcione como catalizador de ideas y proyectos”, dice Max. “Este tipo de iniciativas son las que te hacen tener esperanza, y creer que la historieta va a seguir”, se ilusiona Massaroli. Dicen que la esperanza es lo último que se pierde. Mientras tanto: dibuje, maestro.

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